
En la cima de la montaña contemplamos el anochecer, el sol se batía en retirada tan majestuoso y cortés como siempre, dejando paso a la señorial luna que se movía lentamente para ocupar su lugar, haciéndonos disfrutar de una preciosa combinación de colores que envolvían el lugar.
Poco a poco la oscuridad fue cubriendo el cielo , mandando a dormir incluso al más feroz de los animales, gobernando la noche a su antojo, creando sueños y pesadillas a los que se adormecían con su nana, dando vida a los habitantes de la noche, alimentando las historias y leyendas para contar.
La luna ocupó su lugar, fiel protectora de la noche, irradiando su magnificencia a quien osa mirarla directamente, acompañada por esas celestiales estrellas que la hacen acogedora, deslumbrante y tremendamente tranquilizadora.
Sin duda alguna, un escenario perfecto donde anidan terribles leyendas de monstruos y criaturas terrenales, junto con las más bellas historias de amor.
Aliada de los enamorados, la imaginación se encuentra en plena forma durante su reinado y los sentimientos más perceptivos,…incluso lo que durante el día no ronda por tu cabeza, puede suceder…
Allí estábamos los dos, dispuestos a pasar un día en la naturaleza, parándonos para contemplar ese precioso escenario digno de película, dispuestos a disfrutar de una noche de conciliación con todo lo bello que nos rodea y a menudo no vemos, incluso con nosotros mismos, acunados por la luna, mecidos por las estrellas, sucumbiendo a los encantos de la dulce nana de la oscuridad esperábamos dormir.
Envueltos por el momento, compartimos confidencias hasta ahora desconocidas para el otro, desnudando, sin pensar, poco a poco nuestras almas, rompiendo nuestras armaduras, quedando a merced del otro.
No nos dimos cuenta de que la noche llegaba a su fin hasta que esos aliados que habíamos tenido acompañándonos nos decían adiós, pues el sol ya empezaba a despertar hasta la más tierna flor.
Todavía obnubilados por lo sucedido, con una tranquilidad pasmosa, con esas preciosas imágenes que nos habían regalado todavía en nuestras retinas, nos descubrimos abrazados dulcemente, sabiendo que nada iba a ser igual a partir de entonces, algo había cambiado en nosotros…
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