Sentados en la cama, hablábamos de lo que llamamos “nuestras cosas”. Estábamos cómodos, habíamos derribado ese bloque de mentiras que nos separaba y volvíamos a ser tú y yo, sin más.
Recordamos buenos momentos de nuestra antigua relación, nos reímos,… comenzó el tonteo, sin buscarlo, sin prepararlo, sin pensarlo,… pero esa atracción que sentimos el uno por el otro sigue muy viva y la distancia de este tiempo hizo que el deseo fuera lo primero.
Nos fuimos acercando desnudándonos con la mirada, intentamos resistir al deseo pero nos fue imposible, nuestra bocas se buscaban deseosas de no separarse, nuestras manos recorrían el cuerpo del otro, deleitándose en las zonas que mas recordaban y añoraban.
Recorriste cada centímetro de mi piel con tu boca, te recreastes en mis pechos tu mayor perdición, poco a poco bajastes hasta esa zona húmeda que conoces como nadie, tu boca me hizo sentir en el cielo nuevamente,…
Paseé mi boca por cada centímetro de tu cuerpo, y me entretuve en esa zona haciéndote sentir el mayor placer que puedes soportar,…
Llegaba el momento de dejar los juegos, que tanto nos gustan para pasar a sentirte dentro de mí. Esos movimientos que tan orquestados teníamos, que tanto echábamos en falta, ese deseo de ser solo uno, esos jadeos, esos besos, esos mordiscos, esas manos que acompañaban, … ese inmenso placer... hasta hacernos llegar al éxtasis.
En ese momento, permanecí dentro de ti, no queríamos separarnos, nuestras bocas tampoco, no queríamos que este momento se acabara, había sido intenso y estábamos exhaustos.
Nos miramos, y nuestras miradas se contestaban diciéndose que había sido especial, espontáneo, del deseo,… simplemente maravilloso. No hacían falta palabras.
Apoyé la cabeza sobre tu pecho y dormimos así, sin separarnos, acariciándonos y besándonos el uno al otro durante toda la noche.
Al despertar nos miramos, nos besamos y conscientes de que solo había sido fruto de la pasión, no hacia falta decir ninguna palabra, nos vestimos y me fui.
No hay comentarios:
Publicar un comentario