recuerdos de la infancia...
Hoy he vuelto a pisar mi casa, aquel hogar donde fui tan feliz y donde dejé, sin querer, un trozo de mi corazón, una parte de mí misma. He vuelto y sólo cruzando la puerta, he empezado a recordar todo lo que mi memoria había estado escondiendo en el más profundo de sus rincones durante todo este tiempo. Subiendo las escaleras he llegado a la habitación que me vio crecer, jugar, reír, llorar y soñar tantas y tantas veces. Me he acercado a la ventana y, limpiando con la mano el vaho de los cristales, he descubierto que todo continuaba igual. Por unos instantes, he creído que sería capaz de vivir otra vez lo que, en realidad, ya formaba parte de mi pasado.
Allí estaba el árbol, el olmo que había sido testigo silencioso de mi primer amor. En el tronco del viejo árbol quedaron grabados nuestros nombres una tarde de verano llena de ternura e inocencia. La prueba de un amor pasajero. Ahora, el otoño se había encargado de vestir de oro sus hojas, que caían al suelo con el mismo dulzor de antaño.
También las montañas estaban como antes, imperturbables frente a los años, frente al frío y el calor, frente a la niebla y la lluvia…
De repente, me giré y me fijé en el pequeño caballo de madera, mi columpio favorito en la época en la que, con bastante trabajo, conseguía dar tres pasos seguidos sin caer de culo. Le faltaban un par de piezas y estaba descolorido y cubierto de polvo, pero lo que importaba es estaba allí.
Me levanté y bajé las escaleras. Salí y respiré el aire que tantas veces había llenado con los gritos e ilusiones de la infancia. Y la paz y un gozo indescriptible me invadieron, y lo hicieron como cuando era una niña…..
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1 comentario:
Lo que daria yo por volver un ratito a la infancia,sin problemas,con tanto amor ,sin mas calentamientos de cabeza que solo jugar y ser siempre muy feliz...besos Lou me ha encantado
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