carta a un viejo amor...
Mi querido y viejo amor,
Quería plasmar en la hoja lo que hoy sentía y, sin quererlo (maldito inconsciente que me traiciona), mi pluma ha dibujado tu nombre en el papel. Y he pensado en escribirte. Aunque esta carta jamás llegue a tus manos, confío en que un día alguien la encontrara y podrá comprenderme. Quiero demostrar, no sé si a mí misma o por simple compromiso, que no te he enterrado en mi olvido.
Realmente nunca he deseado borrar tu imagen. Una imagen de amigo y enemigo, de ángel y demonio capaz de provocar batallas entre cabeza y corazón. ¿Representas la crueldad o abanderas la ternura? Aún ahora lo dudo. Lo dudo mientras camino e intento reflexionar y poner orden en mis pensamientos. No me engaño, sólo pretendo ser coherente con mis ideas. Pero mirar atrás me resulta inevitable. Sé que vivir en el pasado no me servirá de nada, y ya ves. Tan testaruda como siempre, fiel a mis convencimientos, sin rectificar sabiendo que me estoy equivocando.
Me siento como una cría encaprichada de un muñeco de peluche, como una quinceañera enamorada del actor de moda. Todavía imagino que estamos bailando, cuando suena aquella canción. Y conservo la rosa que me regalaste entre las páginas de ese libro que no hace falta te mencione. ¿Me he puesto una banda en los ojos para negarme a la evidencia ¿ No, no lo creo. Si no, dime por qué te veo en cualquier rincón y en cualquier momento.
Las palabras pueden herir, pero el silencio de tantos años me está matando. Me veo como una estúpida escribiendo lo que debería haberte dicho. Pero no siempre se tiene el valor necesario, y a mí me falló en el momento menos oportuno. Soy de las que tropiezan dos veces con la misma piedra.
La tinta de la pluma se está acabando. Es como si me dijera que ha llegado la hora de despedirme. Quién sabe. Me temo que voy a dejarte, aunque en realidad eso ya ocurrió hace mucho. Demasiado.
Hasta siempre.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario