No obstante, conviene recordar que aunque no podemos culpar a otros por la enfermedad que nos aqueja, tampoco debemos culparnos a nosotros mismos, pues el sentimiento de culpa es completamente inútil.
En lugar de ello, debemos reconocer que el dolor o las molestias que experimentamos no son sino una llamada de atención y otra lección que asimilamos en el camino hacia nuestro destino
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