Al pensar en la soledad me viene a la mente la imagen de una fría sala de hospital. La imagen de una soledad en compañía de una persona sola. O de una persona sola en compañía de su soledad. Un espacio vacío, con sus blancas paredes cerrándose sobre un vacuo y solitario ocupante. El más vivo testimonio de una soledad obligada, impuesta, quien sabe si buscada. Como único testigo, el mutismo cruel que la representa.
Soy consciente de que no todas las soledades son así, y también sé que existe un miedo, muchas veces infundado, hacia ella. “la soledad es encontrarse con un mismo” dicen. Y antes que esto preferimos el bullicio, los empujones, los montones, las masas, las calles rebosantes de pasos y prisas que arrollan y atropellan, los ruidos ensordecedores, las compañías deseadas e indeseadas de otras soledades que no quieren estarlo, las sandeces de algunos, los atascos de otros,… ¿tan horrible es la soledad que incluso nos lleva a estar con personas a las que detestamos?, ¿no será que tenemos de ella una idea errónea, fruto de una sociedad equivocada?.
Tengo la sensación de que el mundo se ha hecho exclusivamente para las compañías, y tan acompañados estamos que en realidad estamos solos. Es casi como sentirse obligado a no ser un solitario.
Sentada en mi habitación, con el silencio del que hace gala mi soledad, es como mejor me encuentro. Sin tener por que hablar, llenando hojas con los pensamientos que brotan de mi mente, leyendo entusiasmada un libro o escuchando esa música que tanto aprecio, yo no lo llamaría “sentirse sola”. Comparto mi tiempo con la que nunca me abandona y que me respeta en todo momento. En compañía de la que nunca protesta ni discute. En compañía de una eterna compañera de camino...

1 comentario:
Como entiendo cada palabra y como necesito también yo en muchas ocasiones esos silencios, esas compañías solitarias, esas conversaciones con uno mismo.
Me encanta leerte, como siempre.
Firmado: Un compañero silencioso
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