Mirar lo más románticamente posible cómo el sol se oculta tras la autopista, es asistir al nacimiento del anochecer. La llegada de esas noches que, durante trescientos sesenta y cinco días (trescientos sesenta y seis si es bisiesto), marcan el ciclo de un sueño muchas veces inconciliable.
Cuando se acerca la hora de las brujas y algunos lugares se ven invadidos por una ¿música? Estridente, el sufrido ser humano que se queda en su casa se prepara para soportar estoicamente lo que se avecina. Conectar la “caja tonta” no es un método de evasión muy aconsejable: bombardeos de información trágica, crítica y dramática; partidos de fútbol (en abierto o codificado) rebosantes de trampas y tramposos, en los que el árbitro se deja la imparcialidad aparcada con el coche; películas de cinco estrellas, cinco estrellas que el espectador se pasa buscando durante toda la emisión aguantando estoicamente los interminables anuncios; programas clónicos, como la ovejita; personajes de dudosa gracia, dudosos chistes y dudosos orígenes; retahílas de sentimentalismos, lloros, abrazos, confesiones y pañuelos de papel.noches de ciudad...
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1 comentario:
Anónimo dijo...
Nena, te superaste. Esta vez me volviste a hacer llorar..... pero de la risa, de recordar esos momentos vividos..... u otros tampoco desmerecedores de pertenecer a este grupo..... ;-p
Meleithel
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