noches de ciudad...


Mirar lo más románticamente posible cómo el sol se oculta tras la autopista, es asistir al nacimiento del anochecer. La llegada de esas noches que, durante trescientos sesenta y cinco días (trescientos sesenta y seis si es bisiesto), marcan el ciclo de un sueño muchas veces inconciliable.
Cuando se acerca la hora de las brujas y algunos lugares se ven invadidos por una ¿música? Estridente, el sufrido ser humano que se queda en su casa se prepara para soportar estoicamente lo que se avecina. Conectar la “caja tonta” no es un método de evasión muy aconsejable: bombardeos de información trágica, crítica y dramática; partidos de fútbol (en abierto o codificado) rebosantes de trampas y tramposos, en los que el árbitro se deja la imparcialidad aparcada con el coche; películas de cinco estrellas, cinco estrellas que el espectador se pasa buscando durante toda la emisión aguantando estoicamente los interminables anuncios; programas clónicos, como la ovejita; personajes de dudosa gracia, dudosos chistes y dudosos orígenes; retahílas de sentimentalismos, lloros, abrazos, confesiones y pañuelos de papel.

El que prefiere evitar disgustos opta por la relajante y siempre aconsejable lectura de un libro. Una luz tenue, una butaca confortable… y los “locos de la carretera” (pandas de quinceañeros con motos veintenarias intentando hacer proezas sin que se desmonte la dirección) rondando por el portal como Romeos ante su Julieta. Para aderezar un poco más el momento, la ferviente discusión (con algún que otro portazo, un par de gritos y la rotura de unos cuantos platos de la vajilla nueva) entre enamorados de uno de los pisos de la finca.

Cuando los ojos se rinden al sopor, la cama aguarda impaciente la visita. Y dudando entre lo patético y lo lamentable, se escucha una voz profunda, clara, que atraviesa las paredes sin respetar las fronteras que separan un hogar de otro. Y es que no hay nada más educativo, ilustrativo y cultural que percibir la conversación de los vecinos sobre el número de hijos que van a tener. Nunca es tarde para el aprendizaje y el tiempo debe aprovecharse al máximo.

La aparición en escena del camión de la basura remata las agradables horas de descanso que nos cede la jornada, estas son… nuestras inolvidables “noches de ciudad”

1 comentario:

Anónimo dijo...

Anónimo dijo...

Nena, te superaste. Esta vez me volviste a hacer llorar..... pero de la risa, de recordar esos momentos vividos..... u otros tampoco desmerecedores de pertenecer a este grupo..... ;-p
Meleithel